¡Atrévete a servirte de tu propio entendimiento!

¡Ten valor a servirte de tu propio entendimiento! Es una de las frases más emblemáticas del filósofo Immanuel Kant, y de la historia de la filosofía en general. La frase kantiana encapsula todo el movimiento de la modernidad que comenzó, podríamos decir, con René Descartes. En 1637 se publicó el Discurso del método, dicho texto tiene como finalidad hacer que el lector tenga las bases necesarias para juzgar de manera correcta. Descartes pretendía con esto dejar claras dos cosas; la primera, que la dignidad del ser humano era otorgada por su capacidad racional,

segundo, que sí el ser humano era capaz de actuar conforme a su razón, éste no podía equivocarse. La modernidad es conocida como ese periodo de la historia en que el ser humano apostó por completo a la razón, es decir, a la facultad de juzgar bien y distinguir lo verdadero de lo falso, facultad que le es común a todos los seres humanos. En este sentido, sí un individuo se equivoca, no es por falta de buen sentido o razón, sino porque no tenía un buen método. La mayoría de pensadores de este periodo compartían este sentimiento, Hobbes, Locke, Hume, Spinoza, Kant, Rousseau, Voltaire, Diderot, Hegel, llegando todavía a Marx estaban convencidos que la superstición y el fanatismo religioso (hay que aclarar que en el medievo hubo magníficos pensadores, por esta razón, no me parece prudente catalogar esta época como oscurantismo) eran cosas del pasado, era entonces momento para que la razón con toda su potencia iluminara el sendero de la humanidad.

Estamos en pleno siglo XXI, ¿Qué importancia podría tener un sentimiento que nació poco más de 300 años y una frase que aparece publicada en 1784? La epidemia que nos está tocando enfrentar, ha venido a evidenciar graves problemas de nuestro actuar cotidiano, como el egoísmo, la falta de empatía, la falta de higiene, malas costumbres en el sector salud, tanto personal como institucional, la terrible desigualdad que existe entre las personas, la incapacidad de acción política y social en muchos países, tanto de los denominados del primer mundo así como los del tercer mundo, éstos sólo por mencionar algunos problemas. De entre tantas malas prácticas, hay una que es, a mi parecer, de las más alarmantes, me refiero a la falta de capacidad de los individuos de elegir entre toda la información a la que tenemos acceso.

El internet, computadoras y teléfonos inteligentes han sido de los avances tecnológicos más importantes, la velocidad con la que viaja un documento, una noticia, un comentario, un like, es semejante a la velocidad de la luz. No importa la distancia, en cuestión de segundos una noticia puede viajar de México a China. Sin duda estamos ante un avance maravilloso. Una consecuencia de esto, es la politización de la información y de las profesiones, en otras palabras, el desarrollo tecnológico ha logrado que el conocimiento llegue a grandes cantidades de personas, por ejemplo, no hace falta haber estudiado gastronomía para seguir una receta por youtube y preparar un platillo delicioso. No con esto, quiero decir que no es necesario estudiar gastronomía o que cualquiera pueda ser un gran cocinero, sin embargo, si es verdad que cualquier persona puede hacerse un “especialista”.

La democratización del conocimiento es un fenómeno maravilloso, en la antigüedad, por ejemplo, las tasas de analfabetismo eran escandalosas, eso permitía que fuera un grupo específico el que detentara “el saber”. La religión en este sentido es la mejor analogía, la biblia estaba escrita en latín para que sólo las personas pertenecientes a la cúpula religiosa tuvieran acceso a dicho saber, así entonces, las personas más humildes sólo podían creer en la palabra del sacerdote, en principio, porque era probable que las personas pertenecientes al “vulgo” no supieran leer, en segundo lugar, sí sabían, era en su lengua materna, no en latín. Martín Lutero puso su vida en riesgo por traducir la biblia al alemán, justo por la creencia que hasta el más pobre campesino debía tener acceso a la palabra divina y a la salvación.

En pleno Siglo XXI seguimos sufriendo de los grandes males que azotaban a la humanidad hace más de 300 años. ¡Atrévete a servirte de tu propio entendimiento! Quiere decir no hagas caso de todo lo que ves, está bien informarse, pero no basta, debemos abandonar la pereza y cobardía intelectual para poner en duda toda la información que se nos presenta. Ahora tenemos acceso a demasiada información, mucha de ella es falsa, y por esa razón sigue faltando método y valor en las personas para no propagar información falsa. El que un discurso provenga de una persona preparada no basta para darlo como real, debemos hacer el esfuerzo de investigar por nuestra cuenta, y también, por compararlo con otras fuentes, y también, con lo que se nos presenta día a día. La minoría de edad

que Kant tanto se cansa de desprestigiar, es obedecer sin preguntar, como sí no tuviéramos razón, es obedecer “porque así me lo ordenaron”. Somos seres racionales, eso demostró la modernidad, parece de no creerse que han pasado 300 años y seguimos actuando sin reflexionar. Cuando Kant dice “Atrévete”, está diciendo que todos los seres humanos somos racionales, la cuestión es que nos da miedo. Duda, cuestiona, crítica, reflexiona y vuelve a dudar hasta que estés convencido que lo que ves es la realidad, y cuando alguien diga algo diferente vuelve a hacer el mismo ejercicio. Hagamos caso a Kant y atrevámonos a servirnos de nuestro propio entendimiento.

Escribe Kant: “Es tan cómodo ser menor de edad. Basta con tener un libro que supla mi entendimiento, alguien que vele por mi alma y haga las veces de mi conciencia moral, a un médico que me prescriba la receta, etc., para que yo no tenga que tomarme tales molestias. No me hace falta pensar, siempre que pueda pagar; otros asumirán por mí tan engorrosa tarea. El que la mayor parte de los hombres consideren el paso hacia la mayoría de edad como algo harto peligroso, además de muy molesto, es algo por lo cual velan aquellos tutores que tan amablemente han echado sobre sí esa labor de superintendencia. Tras entontecer primero a su rebaño e impedir cuidadosamente que esas mansas criaturas se atrevan a dar un solo paso fuera de las andaderas donde han sido confinados, les muestran luego el peligro que les asecha cuando intentan caminar solos por su cuenta y riesgo. Mas ese peligro no es ciertamente tan enorme, puesto que finalmente aprenderían a caminar bien, después de dar unos cuantos tropezones; pero el ejemplo de un simple tropiezo basta para intimidar y suele servir como escarmiento para volver a intentarlo de nuevo.”

(Kant, Immanuel, Respuesta a la pregunta ¿qué es la ilustración?)

Atreverse a pensar por uno mismo significa hacernos responsables de nuestra existencia, a no deja que sean otros los que decidan por nosotros, en el plano religioso, creer en lo que nos parece prudente creer, en la cuestión médica, no necesitar una receta sino actuar por lo que reconocemos como saludable, en política, no dejar que sean otros los que nos digan cómo es que tenemos que vivir, en cuestión del saber, no creer todo a una “autoridad”, vamos a fallar en un inicio, pero por primera vez, todo lo que hacemos y creemos dependerá exclusivamente de nosotros, nuestra vida y destino por fin estarán de vuelta en nuestras manos. Desde mi perspectiva, no existe sensación mejor. Al igual que Kant, hago la misma exhortación a todos los que se han dado el tiempo de leer hasta aquí… abandona la minoría de edad y ¡Atrévete a servirte de tu propio entendimiento!

Mtro Roberto Bravo Ortega.

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