Aporofobia, una realidad escondida

Adela Cortina es catedrática de Ética y Filosofía Política en la Universidad de Valencia y miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, siendo la primer mujer que ingresó en esta Academia desde su fundación en 1857. Es directora del Máster y del programa de Doctorado Interuniversitarios “Ética y Democracia” y de la fundación ÉTNOR. Asimismo, es doctora Honoris Causa por ocho universidades nacionales y extranjeras, y en diversas ocasiones ha formado parte del jurado de los premios Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades y de Ciencias Sociales. Entre sus obras destacan Ética mínima; Ética aplicada y democracia radical; Ciudadanos del mundo;¿Para qué sirve realmente…? La Ética.

La importancia de dar un nombre:

Es hasta el 20 de Diciembre del 2017 que se integra la palabra aporofobia al diccionario de la Real Academia.

Adela Cortina recuerda un pasaje del texto 100 años de soledad de Gabriel García Márquez que dice: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre le llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.” Para el pensamiento del ser humano se vuelve indispensable nombrar las cosas, porque al nombrar se le designa una identidad. Después de 22 años de insistencia, Adela Cortina vio como la palabra aporofobia se integró al diccionario de la Real Academia. ¿Por qué es importante este hecho? Porque dar un nombre significa reconocer

una existencia, en otras palabras, las cosas podemos señalarlas con el dedo, pero existen fenómenos, hechos y realidades dentro de nuestra acción política y social que carecen de cuerpo físico, en este sentido, no podemos señalar con el dedo la justicia, la democracia, la libertad, de la misma manera, tampoco podemos señalar con el dedo esas otras realidades nefastas que son el mundo de los odios y las fobias, antisemitismo, xenofobia, islamofobia, etc. Éstas son realidades a las que les tenemos que poner nombre. Cuando les ponemos una palabra, un nombre, las reconocemos, las identificamos. Hegel en la Fenomenología del espíritu, muestra cómo para que algo en exista realmente debe entrar en la conciencia del ser humano. No se trata pues, sólo de dar un nombre, el acto en cuestión, implica reconocer un problema, el problema que ilumina Adela Cortina es la aporofobia.

La palabra aporofobia se conforma de dos palabras griegas, áporos que significa el despojado, el que no tiene nada, y phobos que quiere decir miedo, o hasta odio. Juntas, es muy intuitivo, significan; el miedo al pobre. Ahora toca preguntarnos, ¿Existe el rechazo al pobre? Adela Cortina en este punto menciona un ejemplo muy claro, la diferencia entre el extranjero en calidad de turista, y el extranjero en calidad de inmigrante o refugiado político. Desgraciadamente conocemos muy bien el termino xenofobia, es este miedo o rechazo al que se ve distinto a nosotros, pero ¿qué sucede cuando llegan turistas a nuestra ciudad? Somos hospitalarios, nos da gusto que lleguen porque significa activación de la economía local, generación de empleo.

Nuestra actitud cambia por completo con el inmigrante, con ellos tenemos una actitud hostil. Personas que no vienen a gastar su dinero, sino a buscar la oportunidad de conseguir una vida digna que les fue negada en su lugar de origen, me parece que muchas veces olvidamos que el abandono de un hogar, de las calles y personas que te han visto crecer, y que a la vez, te han hecho crear una conciencia de ti, nunca es un proceso sencillo. ¿Por qué el cambio de actitud? Esta fobia no es xenofobia, es distinta, no es el miedo al extranjero, sino miedo a aquel que parece que no tiene nada que ofrecer. Justo por esta razón ha sido de suma importancia ponerle un nombre propio, porque sólo así, lo podemos identificar como un problema específico.

¿Quiénes son los pobres?

La mayoría de las sociedades tienen como cimientos dos pilares, por un lado, el Homo reciprocans, así como una estructura contractual. Las relaciones sociales se forjan por el “Dar con tal de recibir algo a cambio”. El sistema político, económico, social gira en torno a la reciprocidad, éste crea individuos que están dispuestos a ceder algo de sí mismos, siempre y cuando, tengan algún tipo de retribución, podemos objetar este punto, sin embargo, creo que Adela Cortina describe perfectamente las relaciones sociales de las sociedades contemporáneas. En este sentido, pobres son, “los enfermos mentales, los disminuidos físicos, los inmigrantes, los refugiados, y sobre todo a mi juicio (dice Adela), los que en cada ámbito de la vida social no tienen los recursos suficientes para jugar el juego del intercambio. El pobre parece ser aquel que no tiene nada interesante que ofrecer, por lo tanto, queda excluido del amparo político, social y económico, en suma, de toda su dignidad, hasta el punto de llegar a ser un exiliado de la sociedad.

Al haberle dado nombre e identidad propia, lo que nos toca es mirar de frente el problema y decidir qué haremos con él. La aporofobia es un fenómeno nuevo, y habrá que enfrentarlo, saber sus causas, y mostrar las vías a tomar para solucionarlo. Adela Cortina nos ha indicado que ahí existe un problema al cual no le habíamos prestado nuestra atención. Para la filósofa la solución tiene que venir de la educación (en primera instancia), es decir, la buena noticia para nuestra sociedad es que el cerebro humano es muy maleable, habrá entonces que darle la forma adecuada. Esta forma, tiene como soporte la compasión y una mirada lúcida. Apelar a esa capacidad de sentir tristeza ante la tristeza del otro, y sentir alegría ante la alegría del otro, ayudar a una persona triste para que recobre la sonrisa, y alegrarnos por los logros y el bienestar de los demás, esto es compasión. La mirada Lúcida es necesaria para darnos cuenta que no hay ningún ser humano que no tenga nada valioso que ofrecer. “Es por ceguera nuestra que no nos damos cuenta de que todos los seres humanos tienen algo valioso por ofrecer. Pero para quitarnos esa idea,

¿Qué hacer con el problema?

Reconocer lo valioso que hay en cada persona, es reconocer su dignidad y su valía como ser humano. Ser inclusivos no es una opción, es una necesidad.

debemos agudizar mucho la sensibilidad, sólo así podremos percatarnos de eso valioso que hay en cada ser humano, para apreciarlo y degustarlo aunque no haya un a cambio”. Hemos llegado a un punto crítico en esta situación, hemos sido testigos de “memes” que piden la cancelación de derechos civiles sólo por la falta de recursos económicos en las personas. Un “meme” lo podemos entender como una broma, pero basta con compartir mil veces la broma para que se haga verdad. También no ha faltado quien se siente agraviado por el esfuerzo de las sociedades por ser más inclusivas, recordemos que la democracia tiene como valor principal la igualdad, en este sentido, ser inclusivo se vuelve una necesidad, la democracia no debería ser compatible con estas injusticias sociales, todas las sociedades democráticas deben de tomarse muy en serio las prácticas inclusivas, es labor del siglo XXI erradicar todas estas fobias sociales, porque sólo así se defenderá la dignidad de todos los seres humanos.

Mtro. Roberto Bravo Ortega.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *