¿Qué es la obra de arte?

Estamos en constante contacto con obras de arte, un edificio, una estatua, una plaza, una fuente, una pintura, una pieza musical, un texto, sin embargo, pocas veces nos hemos dado a la tarea de preguntarnos ¿por qué las aceptamos como obras de arte? ¿De qué depende que un edificio y no otro sea considerado una obra de arte? O acaso ¿todas las pinturas pueden ser consideradas obras de arte? No necesariamente hemos tenido que entrar a un museo, ese lugar donde se presume que resguarda las obras de arte, basta con haber caminado por alguna calle y haber mirado a nuestro alrededor, o haber entrado en una iglesia, en algunas ocasiones basta con haber visitado la casa de un amigo o de un familiar y ver adornada sus paredes con algún cuadro, en este sentido, el arte es algo que siempre está presente, aun cuando la cotidianidad nos haya arrebatado la capacidad de darnos cuenta de ello. La pregunta no por lo bello, sino por el arte, es muy compleja de responder, por este motivo no debe tomarse el presente artículo como la respuesta a tal empresa, el interés principal es hacer la pregunta ¿Qué es la obra de arte?

En primera instancia es necesario decir que no todo puede considerarse una obra de arte, parecería que toda pintura y escultura que reside en una galería o un museo es una obra de arte, sin embargo, cuando comparamos una pintura de Vermeer con una de Joan Miró, no tenemos que ser grandes conocedores para saber que hay algo extraño, las pinturas son tan distintas, que parecería que unas pueden ser obras de arte y otras no. En una galería de arte nos pueden intentar convencer que la pintura “Azul II” de Joan Miró es una obra de arte y deberíamos in-

tuir que nos están mintiendo, un cuadro azul con una línea roja más doce puntos negros de diferente tamaño no puede ser considerada como tal. El arte se ha vuelto un negocio, en realidad un enorme negocio, por este motivo tienen que nacer muchos “grandes artistas”, aun cuando no lo sean. El mundo del arte está tan extraviado que un plátano colgado en una pared costó 120,000 dólares, justo por este tipo de cosas Hegel pensó que el arte era cosa del pasado. La obra de arte, en este sentido, está por completo alejada de los recintos y expertos del arte.

Martin Heidegger nos dice; que “Todas las obras tienen el carácter de cosa”, obviamente, esperamos que la obra de arte sea algo más que una simple cosa, sin embargo, en principio si que lo es. Existe un catálogo enorme de todo aquello que podemos llamar cosa, una piedra, un trozo de madera, un zapato, un martillo, un libro, una pintura, etc., sin embargo, distinguimos ciertas cualidades en ellas, que nos permite comprenderlas de distinto modo. De esta manera, una piedra no es igual a un zapato, así como también una tragedia de Sófocles no es igual que un zapato o una piedra. Existen cosas que son producto de la naturaleza, las piedras, la madera, el sonido, etc.

Existen otras en cambio que son productos del trabajo del ser humano, como un martillo, una computadora, un teléfono, una pintura, un poema, una novela, en este segundo tipo de cosas, también existe una gran diferencia, mientras que unas tienen una utilidad, otras en cambio, parece no perseguir el sentido de lo útil, en otras palabras, mientras que los materiales de un martillo sufren un desgaste continuo cuanto más se utiliza, una melodía de Beethoven, en cambio, enaltece los sonidos de los cuales esta compuesta, no los desgasta, los mantiene. La obra de arte en su inicio es una cosa, sin embargo, es una cosa especial.

El ser humano produce con un fin especial, en este sentido, nace la pregunta ¿cuál sería el fin de la obra de arte? Aquí es muy significativo recordar la distinción de la obra de arte en la antigüedad con la época contemporánea que comenta Walter Benjamin. La obra de arte se caracterizaba por tener un aura, es decir, tener autenticidad, era el producto de unaquí y un ahora, el fin de la obra de arte en la antigüedad tenía un valor oculto, en otras palabras, era un objeto de culto, en muchas situaciones pasaban más tiempo tapadas que expuestas, en cambio, para la modernidad esto cambió, y la obra de arte obtuvo un valor de exhibición, ahora de lo que se trata es de ser mostrada.

G.W.F. Hegel, dice del arte que: “él manifiesta también sensiblemente lo supremo y lo acerca así más al modo de aparición de la naturaleza, los sentidos, el sentimiento”. Con Hegel el significado del arte cambia por completo, siempre había tenido que ver con la belleza, ahora en cambio, tendría que ver con la verdad, es decir, es la manifestación del espíritu que busca pensarse a sí mismo, el arte, al igual que la filosofía y la religión son expresiones de este acto reflexivo. Heidegger con una mirada más cercana a la de Hegel, piensa que la obra de arte no trata de la reproducción de los entes singulares existentes, sino al contrario de la reproducción de la esencia general de las cosas.

La obra arte pone en operación la verdad. Esta puesta es muy interesante, puesto que de ser un problema de estética el arte pasa a ser un problema de lógica, sin embargo, no abandona el móvil de los sentidos, esto se debe, a que la belleza es una cara de la verdad. ¿Qué queremos decir con esto? Que el fin del arte es, mostrar la esencia del mundo, de una manera que lo haga perceptible para nuestros sentidos y sentimientos. Una obra de arte es aquella que logra hacernos reflexionar sobre nuestro mundo. El arte pareciera que nada tiene que ver con el pensamiento, sino con los sentidos, por esta razón, es fácil hacernos creer que el garabato de un pintor excéntrico es arte, pero no nos engañemos, eso no es arte, porque sólo refleja la mirada de un individuo, esto no quita que la pintura nos puede encantar. Pero de una obra de arte se espera mucho más que hacer presente el mundo onírico del pintor, el arte por supuesto que tiene que ver con el pensamiento, y es por esta razón, que nos hace comprender, criticar y reflexionar nuestra realidad. Sólo una obra de arte nos emociona hasta el punto de comprender el significado de todo un momento espiritual. En este sentido, ¿cómo no estremecerse ante una tragedia griega? Yo al igual que Antígona no hubiera respetado las leyes de la ciudad. ¿Cómo no emocionarse ante la novena sinfonía de Beethoven? ¿Cómo no quedar mortificado por el infierno retratado por el Bosco y descrito por Dante? Al estar en las pirámides de Teotihuacán es imposible no percibir el poder de una gran cultura. La obra de arte, no tiene por qué convencernos de que lo es, con el simple hecho de sentirla nos hace confrontar la realidad.

Un ejemplo maravilloso para comprender lo que acabamos de decir lo presenta Heidegger en sus reflexiones sobre arte cuando reflexiona acerca de la pintura  «un par de zapatos» de Vincent Van Gogh. Heidegger dice…

En la oscura boca del gastado interior bosteza la fatiga de los pasos laboriosos. En la ruda pesantez del zapato está representada la tenacidad de la lenta marcha a través de los largos y monótonos surcos de la tierra labrada, sobre la que sopla un ronco viento. En el cuero está todo lo que tiene de húmedo y graso el suelo. Bajo las suelas se desliza la soledad del camino que va a través de la tarde que cae. En el zapato vibra la tácita llamada de la tierra, su reposado ofrendar el trigo que madura y su enigmático rehusarse en el yermo campo en baldío del invierno. Por este útil cruza el mudo temer por la seguridad del pan, la callada alegría de volver a salir de la miseria, el palpitar ante la llegada del hijo y el temblar ante la inminencia de la muerte en torno. Propiedad de la tierra es este útil y lo resguarda el mundo de la labriega. De esta resguardada propiedad emerge el útil mismo en su reposar en sí.” El cuadro hablo, y nos mostró la realidad del zapato. En nuestra vida diaria nos topamos con zapatos y realidades semejantes a las pintadas en el cuadro de Van Gogh, tanto ser humano que carece de mucho, que trabaja fuertemente y expone hasta la vida por conseguir el pan del día; la cotidianidad, el egoísmo, la necesidad por ver nuestro propio bienestar, la distracción por las tareas sin terminar, nos hacen ciegos e indiferentes a la realidad. Justo aquí está el fin del arte, hacernos salir de lo común, para presentarnos el mundo de una forma extraordinaria que nos lleve reflexionar nuestra realidad.

Mtro. Roberto Bravo Ortega.

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