El absurdo de Albert Camus

Albert Camus (1913-1960)

«El obrero actual trabaja durante todos los días de su vida en las mismas tareas y ese destino no es menos absurdo.»

El mito de Sísifo relata el castigo que le fue impuesto a Sísifo en el infierno, éste trataba de subir una enorme roca al cerro, labor que tardaba todo el día Sísifo en lograr, una vez arriba, la roca descendía y el castigado tenía que volver a comenzar. El castigo no es el peso de la roca, ni la molestia de Sísifo, ni siquiera había alguien detrás de él azotándolo, el castigo era el trabajo inútil. Lo lamentable del castigo era que además de repetitivo era por completo inútil porque la piedra siempre regresaba al punto de inicio. Imagínense esa tarea todos los días de la eternidad. Bueno ahora relatemos una versión moderna de este mito: Despertar de lunes a viernes a las 6am, bañarse, desayunar, tomar el transporte público, llegar a la oficina, saludar a todos, sentarse frente a una computadora, salir del trabajo al anochecer, regresar a casa, cenar, ver una serie y dormir. Al día siguiente, lo mismo. La misma rutina por semanas, meses, años, por el resto de su vida. Nombrar su ensayo El mito de Sísifo no es fortuito, Camus pretende darnos una valiosa lección existencial.

Tiziano- Sísifo (1548 y 1549)

Lo absurdo

No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar que la vida vale o no vale la pena de que se la viva es responder a la pregunta fundamental de la filosofía. Cuándo se hace la pregunta ¿vale la pena vivir? Es muy común la anticipación por responder de forma afirmativa, sin embargo, la respuesta no es tan simple. Al mencionar el suicidio invita al lector a tomar interés, pero la pregunta real no es tanto por el suicidio como sí lo es por el sentido a la vida. ¿Qué sentido tiene? Lo más natural es que cualquier ser vivo desee vivir, pero entonces, ¿por qué las personas llegan a suicidarse? ¿Qué los impulsa? ¿Existe alguna racionalidad que lleve al suicidio? El que se mata considera que la vida no vale la pena de ser vivida. Y no vale la pena porque la persona ha llegado a ver el absurdo de la vida. Todo lo que se puede decir es que este mundo, en sí mismo, no es razonable. Pero lo que resulta absurdo es la confrontación de ese irracional y ese deseo desenfrenado de claridad cuyo llamamiento resuena en lo más profundo del mundo. En otras palabras, lo que Camus quiere dar a entender es que lo absurdo nace de la confrontación entre sentido que el ser humano quiere ver en el mundo y el mundo que no tiene ningún sentido, racionalidad o destino impreso. El único destino real es la muerte, no importa lo que se haga, todo ser vivo tiene que perecer. ¿Pero al darse cuenta de este absurdo, lo que queda es el suicidio?

«Suele suceder que las decoraciones se derrumben. Levantarse, tomar el tranvía, cuatro horas de trabajo, la comida, el sueño y lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado con el mismo ritmo es una ruta que se sigue fácilmente durante la mayor parte del tiempo.»

Suicidio y hombre absurdo

Ante esta falta de racionalidad del mundo existen dos vías del terminar con lo absurdo, uno es el suicidio materializado, es decir, terminar por completo con la vida; segundo, el suicidio filosófico, es decir, reconocer esta falta de sentido, y recluirse en la promesa de un mundo más allá, el cual nos espera después de esta vida absurda. Ambas actitudes pretenden terminar con el hastío de vivir en la cotidianidad, parecería que ambas actitudes reafirman la libertad del ser humano, simplemente se trata de negar la realidad y recluirse en uno mismo. Mediante un razonamiento singular, partiendo de lo absurdo sobre los escombros de la razón, en un universo cerrado y limitado a lo humano, divinizan lo que los aplasta y encuentran una razón para esperar lo que les desguarnece. Si bien es cierto que el mundo carece de sentido, la solución no es ningún tipo de suicidio, por el contrario, esta sin razón abre otras posibilidades.

«Adquirimos la costumbre de vivir antes de adquirir la de pensar.»

El hombre absurdo puede abrir otras formas de encausar su existencia, una de ellas es el Don Juanismo; Don Juan no piensa en “coleccionar” las mujeres. Agota su número y con ellas sus probabilidades de vida. Coleccionar es ser capaz de vivir del pasado propio. Pero él rechaza la añoranza, esa otra forma de la esperanza. Otra forma es la del comediante; Al hombre cotidiano […] nada le interesa más que él mismo, sobre todo lo que podría ser. […] El actor o comediante lo que hace es penetrar en todas esas vidas, experimentarlas en su diversidad. […] Para el actor, lo mismo que para el hombre absurdo, una muerte prematura es irreparable. Por último tenemos la figura del conquistador; El individuo no puede nada y, sin embargo, lo puede todo […] Sí, el hombre es su propio fin. Y es su único fin. Si quiere ser algo, tiene que serlo en esta vida.

Mtro. Roberto Bravo Ortega.

El absurdo como liberación

Tener conciencia del absurdo, sentir la “náusea” de Sartre no tiene forzosamente que llevarnos a una pérdida total del mundo, piensa Camus que por el contrario, de ello podemos concluir que de lo que se trata es de vivir lo más posible, en cuanto tiempo y vivencias. El único destino posible para cualquier ser humano es la muerte, nadie lo salvará, la conciencia de esto sólo puede dar como resultado la libertad. No existe un sentido que seguir, ni un destino que cumplir, no hay un más allá que nos está reservado, el único sentido es el que cada individuo se impone. Si hay un destino personal, no hay un destino superior, o, por lo menos, no hay más que uno al que juzga fatal y despreciable. Por lo demás, sabe que es dueño de sus días. El único terreno y momento para actuar es el presente, es lo que tenemos, lo que le robamos a la muerte, las ilusiones no deben ser para el mañana, es más, el mañana es en este sentido nuestro peor enemigo. El absuro de Camus hace del destino un asunto humano. Toda la alegría silenciosa de Sísifo consiste en eso. Su destino le pertenece.

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